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La conexión que nos debilita: Cómo las redes sociales y la búsqueda de certezas pueden aumentar la ansiedad y la depresión

MinutoGlobalHace 16 horas2 min lectura
La conexión que nos debilita: Cómo las redes sociales y la búsqueda de certezas pueden aumentar la ansiedad y la depresión
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La dependencia de las redes sociales y los dispositivos móviles puede estar convirtiendo a las personas en seres más frágiles, según advierte la ciencia. La búsqueda constante de respuestas y certezas puede llevar a un aumento de la ansiedad y la depresión.

En la era de la hiperconexión, las personas buscan respuestas instantáneas y certezas absolutas, lo que puede generar un sufrimiento constante. Nuestro cerebro está diseñado para buscar patrones y dar sentido a todo lo que nos rodea, pero en el mundo actual, esta necesidad de certeza se traduce en un malestar emocional. La psicóloga Regina López Riego explica que el cerebro procesa los síntomas de la ansiedad de la misma manera que se relaciona con la incertidumbre, liberando grandes cantidades de noradrenalina que afectan a nuestro sistema nervioso.

La trampa del sobrepensamiento es otro factor que contribuye a la fragilidad emocional. Cuando la mente no tiene datos, los inventa, lo que puede llevar a la rumiación y la preocupación excesiva. Los expertos de los Servicios de Salud Mental de la Universidad de Harvard llaman a este fenómeno viajes en el tiempo tóxicos, donde las personas se quedan atascadas rumiando y abrumadas por los y si..., desconectadas del presente. Esto puede terminar en un trastorno de ansiedad generalizada, donde la preocupación es constante y se alimenta de sobredimensionar los riesgos.

La necesidad de huir de la incertidumbre ha encontrado en los smartphones a su mejor aliado, pero con un alto coste para la salud mental. Investigaciones rigurosas han demostrado que la severidad de la depresión y la ansiedad están fuertemente ligadas al uso problemático del teléfono móvil. La Dra. Leigh W. Jerome advierte que el doomscrolling, o consumo adictivo de noticias, puede causar dolores de cabeza, tensión muscular, presión arterial elevada y dificultad para dormir. En lugar de intentar controlar todo, los expertos abogan por una pedagogía de la responsabilidad, donde asumimos que el riesgo cero no existe y aprendemos a vivir con la incertidumbre.

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