La ilusión de la electricidad: ¿20 minutos de chispazos son igual a 4 horas de gimnasio?

Una tecnología llamada electroestimulación muscular de cuerpo entero (WB-EMS) promete mejorar la condición física en un abrir y cerrar de ojos, pero la ciencia dice que no es tan sencillo. Aunque puede tener beneficios, no es una panacea y no puede reemplazar el esfuerzo físico tradicional.
La electroestimulación muscular de cuerpo entero (WB-EMS) es una tecnología que ha ganado popularidad en los últimos años, especialmente en la industria del fitness. Se trata de un traje húmedo con electrodos que envían impulsos eléctricos directamente al músculo, lo que fuerza a un mayor porcentaje de fibras musculares a contraerse simultáneamente de manera involuntaria. Esto se vende como el atajo definitivo para sustituir horas de sudor en el gimnasio, pero ¿qué hay de cierto en todo esto?
La tecnología detrás de la electroestimulación no es un invento reciente ni nació en un gimnasio de moda. Inicialmente, se utilizaba en hospitales y entornos de rehabilitación con un propósito estrictamente médico: aliviar el dolor, prevenir la atrofia muscular en pacientes encamados y mejorar la circulación. Sin embargo, en los últimos años, ha experimentado un crecimiento explosivo como modelo de negocio fitness. Los datos están ahí: en la plataforma ClassPass, el número de centros que ofrecen entrenamientos con EMS en todo el mundo aumentó más de un 16% entre 2023 y 2025.
Pero, más allá de la estética y la promesa de un cuerpo tonificado sin apenas esfuerzo, ¿qué hay de cierto en todo esto? La comunidad científica ha decidido tomar cartas en el asunto. Cedric X. Bryant, director ejecutivo del American Council on Exercise, señala que las afirmaciones de marketing son hiperbólicas y que se está exagerando enormemente lo que uno debe esperar de estos entrenamientos. Según Bryant, la electroestimulación puede ofrecer mejoras de leves a moderadas, pero no es una panacea.
En un estudio publicado en Clinical Interventions in Aging, se demostró la eficacia de la tecnología en mujeres mayores sedentarias y delgadas, con riesgo de sarcopenia y obesidad abdominal. Tras someter a un grupo de 23 mujeres a 18 minutos de WB-EMS durante 12 meses, los resultados arrojaron diferencias significativas y positivas en la masa muscular apendicular y una reducción en la masa grasa abdominal en comparación con el grupo de control.
En otro estudio publicado en Frontiers in Physiology, se analizaron los efectos del WB-EMS en corredores recreativos masculinos durante 6 semanas. Los resultados indicaron que el grupo de electroestimulación mejoró su consumo máximo de oxígeno, sus umbrales ventilatorios, su economía de carrera y su salto vertical.
Pero, a pesar de estos beneficios, la ciencia es tajante: enfundarse en un traje de neopreno con electrodos no es mejor ni más efectivo que ir al gimnasio, levantar pesas y sudar la camiseta a la antigua usanza. La electricidad puede darte un valioso empujón, pero el esfuerzo humano, al menos de momento, sigue sin tener un botón mágico que lo reemplace por completo.
La práctica de la electroestimulación también conlleva riesgos si no se supervisa adecuadamente. Al estar el músculo contrayéndose involuntariamente, es muy difícil para el usuario calibrar su nivel de esfuerzo real. El peligro silencioso del sobreesfuerzo es un tema que no debe ser ignorado.
En definitiva, la electroestimulación de cuerpo entero es una herramienta fascinante y respaldada por la literatura científica para mejorar parámetros de salud y fuerza en un tiempo récord. Sin embargo, no es una panacea y no puede reemplazar el esfuerzo físico tradicional. Es importante abordar esta tecnología con realismo y no caer en la ilusión de que 20 minutos de chispazos pueden ser igual a 4 horas de gimnasio.
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